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martes, 24 de diciembre de 2013

5 recetas para Navidad o cómo hornear un pavo

¡Navidades! Tenemos a gente a comer en casa y no sabemos que preparar. Pues yo este año hago menú americano total. No me complico porque ya lo tengo bien ensayado. Y porque del pavo se encarga Benjamin, jejeje.


Todos los años celebramos en casa Acción de Gracias (somos mitad americanos) y nos damos un lote de comer de estos que después piden siesta a gritos.

Si quieres aprender algo del menú típico de Acción de Gracias que yo voy a reproducir estas Navidades, lee este post, muy práctico, lleno de recetas y de fotos. Y todo adaptado a nuestra ciudad, para que sepas dónde comprar lo que necesitas.


Es típico acompañar el pavo de puré de patatas y de mazorcas de maíz hervidas o a la barbacoa. Pero si te parece que con las obligadas gambas y el jamón ya tienes más que de sobra, pues mejor lo dejas para otra ocasión.

Preparar el pavo (sin relleno)

INGREDIENTES Y HERRAMIENTAS
-       
     - un pavo de 4 o 5 kilos (cuanto más pequeño mejor)
-       - aceite de oliva
-       - una cebolla
-       - clavo
-       - hierbas frescas (romero, salvia, orégano, tomillo)
-       - un buen Bourbon
-       - zanahorias
-       - bandeja de horno o rustidera
-       - hilo de bridar
-       - jeringa de boca grande
-       - termómetro de carne (opcional, pero muy práctico)

Antes de proceder, decirte que el pavo lo puedes encontrar en cualquier carnicería, normalmente por encargo. Pide el más pequeño que tengan porque nuestros hornos europeos no tienen el tamaño de los gigantes americanos y después nos encontramos con que el pavo no cabe. Suelen ser pavitas de unos 4 o 5 kilos.

Si tienes la oportunidad de conseguir todas las vísceras y el pescuezo del pavo, mejor. Lo usaremos para hacer un caldo que nos servirá para el relleno o stuffing y para el gravy o salsa (ver la receta del caldo más abajo). Pero esto es complicado. Tampoco pasa nada si no lo tenemos.

Precalentamos el horno a 175º. Es importante que sepas que el pavo lo haremos sin relleno, porque resulta algo más complicado si no. Pero no nos quedaremos sin comer el relleno. ¡Qué rico! Lo haremos aparte.

Lo primero que vamos a hacer es preparar la cebolla, clavándole los clavos de olor. Hacemos un ramillete con las hierbas frescas. Si no las tenemos frescas, las usaremos secas, aunque la diferencia de sabor es considerable. Si no podemos conseguirlas todas, usaremos al menos dos de ellas.

Introducimos la cebolla y el ramillete de hierbas en el interior del pavo (por su culete). Pasamos ahora a emborracharlo con la jeringa. La puedes conseguir en algunas promociones que hacen en LIDL o ALDI de vez en cuando o si no en El Corte Inglés. Y a las malas, pues una jeringa de médico de las grandotas.

La cargamos bien de Bourbon y vamos introduciendo este alcohol en la carne, por todas sus partes. Yo uso una marca estupenda que nos traemos de Kentucky, Buffalo. Pero es difícil que lo encuentres por aquí, así que te valdrá cualquier otra marca buena. Si no, pues prueba con whisky, brandy o un buen vino.

Preparamos la bandeja de horno o rustidera con un buen fondo de aceite de oliva. Embadurnamos también con aceite de oliva el pavo y lo colocamos en la bandeja con las patas atadas con el hilo de bridar. En ella ponemos cuatro o cinco zanahorias, que se harán con el pavo. Por último, ponemos por todas las paredes del pavo algo de sal y más hierbas frescas y lo cubrimos con papel de aluminio para que no se nos dore enseguida.

Metemos al horno precalentado. El tiempo de horno depende del peso del pavo (evidente, ¿no?) y en Internet hay buenas tablas de equivalencia, pero si tienes un pavo de 4 kilos, unas tres horas y media de horno son suficientes. En este tiempo tendremos que hacer una operación cada hora: baste the turkey!

Esto consiste en sacar el pavo del horno, descubrirlo y con una cuchara poner sobre él todos los jugos que haya soltado en la bandeja. Lo hacemos para evitar que se reseque y como os digo lo repetimos cada hora.

La última media hora la aprovechamos para dejar que se dore, así que retiramos el papel de aluminio. Una vez que lo saquemos del horno, lo dejamos reposar 30 minutos. Este tiempo de espera permitirá que todos los jugos bajen a la bandeja y los podamos aprovechar para hacer el gravy o salsa del pavo.

Resulta muy práctico tener una termómetro de carne. El primero que tuve lo compré en USA pero seguro que aquí lo tiene que haber también. El otro día compré uno en TIGER (Sevilla).

Con el termómetro comprobaremos si la carne se va haciendo adecuadamente. Como ves en la foto (más arriba) es un artilugio con un pincho fino y un marcador de temperatura. Se usa introduciendo este pincho en el muslo y el la parte más gruesa de la pechuga del pavo, sin tocar el hueso. La carne estará en su punto cuando marque 75º.

El stuffing o relleno.

Hay muchos tipos de relleno pero todos tienen en común algún ingrediente dulce que le va genial al sabor del pavo. Yo este año lo haré con manzana y almendras.

La receta es de SmittenKitchen, con mis variaciones.

INGREDIENTES:

- una chapata grande cortada en cubitos
- 5 cucharadas de mantequilla
- 1 cebolla grande
- 1 penca grande de apio
- 1 puñado de almendras
- 1 cucharadita de hojas frescas de tomillo (en su defecto tomillo seco)
- media cucharadita de sal fina
- pimienta negra recién molida
1 manzana grande (yo usé Royal Gala)
- un puñado de perejil picadito
- 3 hojas de salvia fresca picadas (en su defecto una cucharadita de salvia seca)
- media o una taza de caldo de pavo (ver receta más abajo)
- 1 huevo grande

Precalentamos el horno a 175º. Ponemos los cubitos de pan en una fuente lo suficientemente grande como para que no formen más de una capa (así se doran por igual). Doramos unos 10 o 15 minutos. Dejamos enfriar mientras preparamos el resto de ingredientes.

Engrasamos generosamente con una cucharada de mantequilla una fuente grande de horno.

El resto de la mantequilla la fundimos en una sartén a fuego medio. Añadimos la cebolla, el tomillo, la sal y la pimienta al gusto. Cocinamos unos dos minutos hasta que la cebolla esté transparente. Añadimos el apio y cocinamos un par de minutos más. Añadimos la manzana y salteamos hasta que esté medio cocinada, 3 o 4 minutos más (no tiene que estar hecha del todo porque ahora va al horno)

Ponemos el pan tostado al horno en un bol grande. Vertemos sobre él el preparado de la sartén. Por otro lado, batimos el huevo y lo mezclamos con media taza de caldo de pavo. Lo añadimos al pan. Ponemos el perejil y la salvia. Colocamos toda esta mezcla en la fuente grande que habíamos engrasado.

Si vemos que está muy seco podemos añadir el caldo restante.

Horneamos de 30 a 40 minutos hasta que esté dorado y todo el líquido se haya absorbido. Si ponemos un cuchillo en el centro éste debe caer muy lentamente. Es la señal de que está hecho.

Se puede servir inmediatamente (que es lo que os recomiendo) o recalentar después.

El gravy o salsa del pavo.

Para hacerlo siempre sigo los consejos de Martha Stewart, la reina americana de estas celebraciones. Tiene publicadas muchas recetas y yo he hecho mi mezcla particular. Te recomiendo este enlace (http://www.marthastewart.com/319523/gravy-101.) porque puedes ver un vídeo.

El gravy es una especie de crema que acompaña al pavo y que se hace con los jugos que éste ha ido soltando. Está buenísimo y tiene sus truquillos.

INGREDIENTES

-       - caldo de pavo
-        - 1 cucharada de harina
-        - sal y pimienta
-        - vino de Madeira o Bourbon

Como explicábamos más arriba, habremos dejado reposar el pavo 30 minutos para que suelte todo sus jugos en la bandeja. Apartamos el pavo a otra fuente y colocamos estos jugos en un separador de grasas.

¿Cómo? ¿qué es eso? ¿dónde lo consigo? Pues en España ni idea, la verdad. Por eso me hago el mío propio con una botella PET (¡gracias Pinterest!)

Lo que queremos conseguir es separar la grasa de los jugos, así que una vez que todo esté en la botella, sólo queda esperar unos 20 minutos a que la grasa suba.

Mientras tanto, ponemos en la hornilla la fuente de horno o rustidera a fuego medio alto y añadimos una taza de caldo de pavo. Con una cuchara de madera vamos raspando ese fondo de jugos pegados hasta que el caldo dé un hervor.

Por otro lado, en una botella o bote de cristal con su tapa ponemos dos tazas de caldo de pavo y la harina. Tapamos bien y agitamos hasta mezclar. Ponemos esta mezcla en la bandeja de horno que teníamos en la hornilla, mezclamos bien y dejamos que vuelva a hervir. Cocinamos hasta que reduzca y esté cremoso, no líquido.

A la mezcla anterior añadimos los jugos que teníamos en la botella, ya sin la grasa. ¿Y ahora cómo lo saco de la botella? Muy fácil. Con un pincho largo de metal. Caliento la punta con un mechero y pincho en la parte más alta de la botella (donde está concentrada toda la grasa) con cuidado y teniendo un recipiente preparado para recogerla. La desecho y me quedo con los jugos que sí me valen en la botella.

Cuando acabe de desgrasar, incorporamos los jugos al resto de la salsa que teníamos en la bandeja. Mezclamos bien, calentando todo. Salpimentamos. Colamos y mantenemos caliente hasta servir.

La salsa de arándanos

INGREDIENTES

-     350 gr. de arándanos rojos
-     - una taza y media de azúcar morena
-     - la ralladura de un limón más su jugo
-     - media taza de agua
-     - sal y pimienta (opcional)

Es el contrapunto dulce y ácido a la vez de la carne de pavo. No he encontrado arándanos rojos frescos en Huelva. Tampoco congelados (aunque sospecho que pronto los tendremos). Pero sí que los hay secos, como las pasas.

Tan fácil como rehidratarlos en agua tibia una media hora. Además con esto también conseguimos quitarles el exceso de azúcar que algunos tienen.

Ponemos todos los ingredientes en un cazo. Lo llevamos a ebullición. Bajamos el fuego hasta que se reduzca y empiece a estar pegajosa. Podemos ir machacando los arándanos a media que movemos la salsa. Al final le añadimos el jugo del limón.

El caldo de pavo

INGREDIENTES

-     -Vísceras (hígado, corazón y molleja) y pescuezo del pavo
-     - 4 cucharadas de mantequilla
-     - una cebolla cortada en cuartos
-     - 1 apio con sus hojas
-     - 1 puerro cortado en cuartos
-     - sal y pimienta
-     - una hoja de laurel

Si no tenemos vísceras podemos usar dos jamoncitos de pavo.

Si tenemos vísceras, las limpiamos. Tenemos que retirar la vesícula biliar del hígado (un pequeño saquito verde pegado al hígado) con cuidado de no pincharlo (si no amargaremos todo). Enjuagamos todo y lo secamos.

En una ollita fundimos 3 cucharadas de mantequilla a fuego medio. Añadimos la cebolla picada, el apio cortado en cuartos y con las hojas picadas ligeramente y el puerro. Cocinamos unos diez minutos, hasta que la cebolla esté transparente.

Salpimentamos y cocinamos cinco minutos más. Añadimos cuatro tazas de agua, la hoja de laurel y todas las vísceras menos el hígado. Llevamos a ebullición y reducimos el fuego. Cocinamos todo 45 minutos o hasta que la molleja esté blanda.

Mientras tanto, picamos el hígado muy fino y lo cocinamos en el resto de la mantequilla en una sartén a fuego medio bajo durante unos 4 o 5 minutos. Tiene que estar hecho completamente, no soltar sangre. Apartamos.

El caldo que ha estado hirviendo debe haberse reducido a dos tazas y media. Si no, seguimos cocinando con el fuego más alto unos 15 minutos más.

Colamos el caldo. Si queremos podemos añadirle la molleja, el corazón y el hígado muy picados, así como la carne picada del pescuezo (yo no lo hago). Lo reservamos todo para hacer las recetas anteriores.

Espero que te haya gustado este especial de Navidad mezcla Acción de Gracias.
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¡Felices Fiestas!

* No sé porqué, blogger no me enlaza algunas páginas, así que os las dejo tal cual.









Jeringa y termómetro de carne.































Foto: marthastewart.com




Foto: marthastewart.com 



martes, 23 de octubre de 2012

Crema de brócoli y espinacas

Publicada en Huelva24.com (15 de septiembre de 2012)



Vamos con una receta de esas sanotas que tanto me gustan. Como siempre, muy fácil de hacer y esta vez con un toque especial: la tahína. Es además un plato vegetariano.

Aún hace calor, pero os confieso que yo tengo unas ganas de otoño que no puedo. Me encanta ese mini frío propio de la estación que se avecina. No tienes que ir forrada de abrigo, pero sí hay que taparse ya con una mantita. Empieza la lluvia (o eso espero) y el campo empieza a oler a gloria. Indudablente, es tiempo de cremitas y sopas (¡aunque yo no las dejo de comer en verano!)

Esta receta la descubrí el otro día leyendo la revista estrella de este viaje, el Whole Living, cómo no, de Martha Stewart. Con todo el estilazo de la clásica Living, pero modernizada al estilo de la actual vida sana. Con recetas saludables y trucos para llevar una vida integral y lo más ecológica posible. Es un verdadero dulcecito.

Que no os asuste el verde. La receta está muy rica y el único lácteo que lleva es un poco de queso parmesano. Es baja en calorías y bastante sana. Como ingrediente más especial tiene tahína o pasta de sésamo, un auténtico pelotazo de calcio sin las calorías que aporta la leche de vaca.

INGREDIENTES:

-       1 puerro a rodajitas finas
-       1 litro de agua o caldo de verduras
-       400 gr. de flores de brocoli picaditas
-       400 gr. de espinacas
-       75 gr. de queso parmesano rallado
-       2 cucharadas colmadas de tahína
-       aceite de oliva, sal y pimienta

Rehogamos el puerro en un poco de aceite de oliva y sal. Cuando esté blandito añadimos el caldo o agua y damos un hervor. Añadimos el brocoli y cocinamos tapado, a fuego medio, hasta que esté hecho. Apartamos.

Añadimos las espinacas, el queso y la tahína y dejamos entibiar. Pasamos todo por el pasapuré y ponemos a punto de sal y pimienta. Yo lo serví con una lasquita de parmesano recién cortada. ¡Y a disfrutar!



Galletas de avena y calabaza sin azúcar

Publicada en Huelva 24.com (29 de septiembre de 2012)



Ya tocaba una receta dulce y qué mejor que unas galletitas fáciles, divertidas y muy sanas. ¡No llevan azúcar! Estos dulcecitos redondos son geniales para compartir un rato en la cocina con los más pequeños de la casa. Lo mejor de la receta es que no necesitan horno.

Ya llega el otoño y empieza el tiempo de la calabaza. No es la primera vez que la usamos en “Jugando a las casitas”. Es una verdura que me encanta y se puede preparar de muchas maneras. Hoy la incluimos en su version más dulce.

La avena es otro ingrediente de esos que utilizo en la cocina muy a menudo. Es saludable y está buenísima. Hay dietas que se basan en este cereal como principal componente por sus propiedades como quemagrasas y anti estreñimiento.

Este cereal es rico en proteínas de alto valor biológico, grasas y un gran número de vitaminas y minerales. Contiene además hidratos de carbonos que se absorven fácilmente, lo que la hace muy digestiva.

La avena aporta mucha energía, por eso es muy popular en algunos países consumirla a primera hora del día. En Estados Unidos es un desayuno común que yo adapté a mi dieta hace bastante tiempo. Se prepara de otra manera, cocida y con algo de mantequilla y canela, pero con estas galletas también se puede desayunar estupendamente.

INGREDIENTES:

90 gramos de avena instantánea
60 gramos pasas de Corinto
media cucharadita de una mezcla de canela, clavo y jenjibre molidos
80 gramos de puré de calabaza (con media calabaza de la variedad “Sepallo”)
1 cucharada de aceite de girasol
½ cucharadita de un buen extracto de vainilla o la raspadura de media vaina
2 cucharadas de miel

Cocinamos al horno la calabaza sin pelar. Retiramos del horno y dejamos entibiar en una bolsa de plástico, para facilitar la tarea. Quitamos la pulpa asada con con una cuchara y hacemos el puré. Dejamos enfriar del todo. Con la media calabaza que nos ha sobrado podemos preparar una cremita para chuparse los dedos.

Mezclamos los ingredientes secos por un lado y los húmedos por otro. Mezclamos ambos y con la masa resultante formamos bolitas. Se pueden tomar recién hechas o reservarlas en el frigorífico unos 45 minutos para que adquieran algo de firmeza.

Como veis es bien fácil y una vez que el puré de calabaza esté frío podemos jugar con los niños a mezclar los ingredientes y hacer las bolitas. Les encanta y además es un auténtico placer comerse las galletes que ellos mismos han hecho.

Es un proyecto genial para una tarde de lluvia y frío como las que se avecinan. Quizás no se puede bajar al parque, pero se puede hacer galletas. ¡Disfrutad de un rato en familia! 



sábado, 12 de mayo de 2012

LASAÑA DE LECHUGA DE MAR Y BACALAO

Publicada en Huelva24.com (12 de mayo de 2012)
Foto de Sonia Hermosín

Seguimos con las experiencias marinas en la cocina. Os traigo otra receta con algas que está para chuparse los dedos. Esta vez en forma de lasaña y con un pescado que me encanta: el bacalao. Es un plato además muy completo. Más fotos en mi blog.
Los que me seguís ya sabéis que hace un par de meses empecé a experimentar con un nuevo ingrediente en los fogones: las algas. Ya os he cantado todas las alabanzas de estas verduras marinas, así que me las ahorro en esta receta. Pero ya sabéis que me encantan.
Mi amiga Sonia, que es una cocinillas como yo, tenía muchas ganas de probarlas, así que el otro día nos hicimos un mano a mano en su cocina y preparamos este plato. Nos lo pasamos estupendamente. Las dos somos unas mandonas, pero curiosamente todo fue como la seda. Nos reímos muchísimo y el plato salió de lujo.
Y después nos pusimos las botas toda la familia. A mi hija de tres años le encantan también las algas y sabe perfectamente identificarlas en el plato. Os recomiendo encarecidamente que empecéis a introducirlas en vuestra dieta, sin miedos ni prejuicios. No os arrepentiréis. 
Foto de Sonia Hermosín

Y no os dejéis guiar por ese intenso a olor a estero que sale del paquete cuando lo abrís por primera vez. No tiene nada que ver con el sabor sutil que desprenden una vez en el plato. Aunque a lo mejor os gusta ese olor a bajamar.
Foto de Sonia Hermosín

De nuevo hemos usado las algas de la empresa gaditana Suralgae. Espero que pronto puedan estar en Huelva para que las podamos disfrutarlas todos los onubenses. Las fotos, aunque siempre llevan mi marca, son de Sonia Hermosín, que además de amiga es una gran fotógrafa.
Os dejo con la receta.
INGREDIENTES (para cuatro personas):
2 bandejas de bacalao desmigado (unos 400 gr.)
2 cebollas grandes
1 pimiento rojo
1 pimiento verde
3 tomates
3 dientes de ajo
1 manojo de perejil
AOVE (aceite de olive virgen extra), sal y azúcar
unas 10 hojas de lechuga de mar fresca
bechamel de algas (harina, leche, mantequilla, polvo de algas y sal)
queso Gouda
Foto de Sonia Hermosín
Pelamos y cortamos la cebolla en juliana y la ponemos a pochar con el AOVE y la sal. Cuando la cebolla esté bastante pochada incorporamos el pimiento también juliana. Cuando todo esté pochado ponemos el tomate y freímos. Toda esta operación la hacemos a fuego lento.
Mientras, hemos hecho un majado con el ajo y el perejil. Una vez que el tomate esté frito incorporamos el bacalao y el majado de ajo y subimos un poco el fuego. Mareamos hasta que el bacalao esté cocinado. Apartamos del fuego y reservamos.
Para la bechamel necesitamos 600 gr. de leche, 100 gr. de harina y una cucharada de mantequilla. En este caso, en vez de poner pimienta y nuez moscada, le agregamos una puntita de polvo de algas y sal. Si tenéis Thermomix, esta operación será bastante rápida. 
Foto de Sonia Hermosín

En la sartén hacéis un roux con la mantequilla y la harina. Cuando la harina está cocinada vais añadiendo la leche poco a poco sin dejar de mover, todo a fuego lento. En unos 15 minutos la tendréis lista. Al final ponéis la sal y el polvo de algas.
Precalentamos el horno a 200º. Mientras, montamos la lasaña. Enjuagamos con cuidado las hojas de lechuga de mar. Las podemos poner en un cuenco con agua. En una fuente de horno extendemos la primera capa de hojas de lechuga. Sobre esta ponemos el relleno de bacalao y tapamos con otra capa de lechuga de mar.
Vamos haciendo capas sucesivamente, hasta terminar con la lechuga de mar. Napamos con la bechamel de algas y espolvoreamos con queso Gouda recién rallado. Metemos al horno para gratinar unos 10 minutos a máxima temperatura.
¡Preparaos para disfrutar este delicioso bocado de mar!
Foto de Sonia Hermosín




jueves, 19 de enero de 2012

Caqui cakes (persimon cakes)

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Publicada en Huelva24.com (2 de diciembre de 2001)


Antes de que se acabe mi estación favorita tenéis que probad estos preciosos panecillos de caquis. El caqui es una de las frutas típicas de la época y aún no habíamos cocinado con ella. Pues aquí lo lleváis, buenísimos, facilísimos y de temporada. Y la crema de caqui para acompañarlos es una auténtica delicia. Apúntatela.
En casa a nadie le gusta el caqui, ni siquiera a mí. Es una fruta algo especial, demasiado dulce para gusto y áspera si no se coge en su punto. A mí me recuerda mucho a mi abuela, pues es la única que lo comía y le encantaba. Pero este verano encontré esta receta maravillosa en una revista americana que descubrí y ya está entre mis favoritas: Mary Jane's Farm (La granja de Mary Jane).
Inmediatamente me acordé de mi abuela, de lo que le hubiera gustado probarlos, así que me la copie en el papelillo que tenía a mano en ese momento (mi bolso está siempre plagado de trocitos de papel con cosas interesantes). También me acordé de mis amigos May y Javi, y de su árbol cargadito de caquis todos los otoños. Ya os he hablado de ellos y su huerta de Linares de la Sierra en otras ocasiones.
Mis amigos siempre me surten de frutas de temporada, pero como no me gustan los caquis nunca los había cogido. Pero este otoño era distinta. Yo tenía una buena razón para querer caquis: esta receta. Y fue todo un éxito. Hice una docenita de panecillos y todos quedaron encantados. May y Javi fueron los primeros en probarlo y Raquel, una amiga común que estaba en casa ese día, los bautizó como caqui cakes. Me parece un nombre estupendo.
¿Sabíais que los caquis viene de China y Japón? Desde el siglo VIII llevan cultivándolos en esa zona del planeta. A España llegaron en el siglo XIX y actualmente Valencia es la comunidad que los produce en su mayoría. Tenemos hasta caqui con denominación de origen, la variedad autóctona “Rojo Brillante” de la Ribera del Júcar.
Los caquis son además muy ricos en vitaminas A y sobre todo C. Y son astringentes., así que van muy bien para tratar cuadros de diarrea y colitis.
A mí siguen sin gustarme, pero estos panecillos están estupendos. Como me fastidia tanto que algo no me guste voy a seguir dándoles la oportunidad en dulces, jaleas, bebidas…
Aquí tenéis la receta:
INGREDIENTES:
350 gr. de puré de caqui
120 gr. de azúcar moreno
65 gr. de mantequilla fundida
2 huevos
300 gr. de harina
una cucharadita de levadura
media cucharadita de sal fina
media cucharadita de bicarbonato
un puñado de nueces picadas
PARA LA CREMA DE QUESO DE CAQUI:
150 gr. de queso cremoso tipo Philadelphia
175 gr. de puré de caqui
una cucharada de nueces picadas
media cucharadita de azúcar moreno
la punta de una cucharita de canela
un toque de nuez moscada

Precalentamos el horno a 175º y vamos engrasando moldes para muffins. También los podemos hacer en flaneras individuales o en moldes de cupcakes, que fue lo que yo hice.
Lavamos los caquis, les quitamos los cabitos y los cortamos por la mitad. Los vaciamos con una cucharita, quitándole las semillas. Tienen que estar muy mduros. Hacemos un puré con esta pulpa limpia.
Mezclamos el azúcar con la mantequilla, el puré de caqui y los huevos. Por otro lado unimos los ingredientes secos (harina, levadura, bicarbonato, sal) y tamizamos.
Unimos las dos mezclas y por último añadimos las nueces, picadas a vuestro gusto de grosor.
Horneamos a 175º unos 25 minutos, comprobando si están hechos con un palo de brocheta. Para la crema de queso sólo hay que batir juntos todos los ingredientes y la tenéis.


Están  riquísimos con esta cremita, pero con mantequilla también. ¡Son un desayuno de campeonato!